viernes, 1 de marzo de 2019

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Ayer cubrió “mi habitación” con velas y puso música relajante.
Ayer me dio un masaje.
Ayer escuchó algunas de mis penas.
Ayer me preparó una cena genial.
Pero yo solo podía llorar, llorar fuerte y repetir que no me lo merecía.
Yo solo podía sentirme inútil.
Yo solo quería desaparecer.
Yo solo podía pensar en él.
En mis días parece que las putas horas no pasan. Me siento un puto fantasma.
No he podido parar de pensar en él.
Aunque hay momentos en los que no siento nada, he seguido llorando.
Me acuerdo de sus ojos, me acuerdo de su sonrisa, me acuerdo de mis dedos pasando por su pelo.
Pero también le recuerdo llorando, y eso hace que me reafirme y no vaya a volver.

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