viernes, 1 de marzo de 2019

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Ayer cubrió “mi habitación” con velas y puso música relajante.
Ayer me dio un masaje.
Ayer escuchó algunas de mis penas.
Ayer me preparó una cena genial.
Pero yo solo podía llorar, llorar fuerte y repetir que no me lo merecía.
Yo solo podía sentirme inútil.
Yo solo quería desaparecer.
Yo solo podía pensar en él.
En mis días parece que las putas horas no pasan. Me siento un puto fantasma.
No he podido parar de pensar en él.
Aunque hay momentos en los que no siento nada, he seguido llorando.
Me acuerdo de sus ojos, me acuerdo de su sonrisa, me acuerdo de mis dedos pasando por su pelo.
Pero también le recuerdo llorando, y eso hace que me reafirme y no vaya a volver.

A las mismas horas.



Quiero volver, pero no lo haré.

¿Para qué? ¿Para volver al mismo bucle?

¿Para irme y hacerle daño de nuevo?

No soy capaz de quedarme.

No soy capaz de irme.

No soy capaz de nada.

He tomado una decisión, ahora tengo que cargar con ello.
Solo espero que encuentre la felicidad que se merece.

Aun así, creo que llevaré a cabo un acto masoquista, total, por uno más. Cada día, o quizá casi cada día, porque cuando me propongo algo no suelo conseguirlo, me asomaré por esa ventana, a la misma hora, o mejor dicho, a las mismas horas. Solo por si apareciera, aunque luego le dijera un millón de veces la mentira más grande del mundo: Que no le quiero.
Aunque luego pretendiera que no estaba en casa.  Aunque le echase a empujones cuando solo quiero abrazarle.

También suelo mirar inútilmente algunas horas en el reloj porque imagino lo que estará haciendo durante ellas. Y entonces solo espero…
Solo espero que esté bien, solo quiero que sonría, aunque yo no pueda verlo.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Miedo.


Es curioso lo que provoca el miedo al dolor. Provoca dolor en si mismo, aunque quizá no tanto como el dolor que tememos.
Todos tenemos miedos, líneas que no queremos cruzar. A veces, con ayuda, algunos pueden superarse, otros, están demasiado anclados a nosotros mismos.
¿Quién no se ha perdido algo por miedo?
¿Quién no se ha salvado de algo por miedo?
El miedo no siempre es malo, a veces nos protege, nos avisa, como el dolor. Como cuando algo quema y apartas la mano mientras piensas: “No vuelvo a tocar eso”.
El problema con el miedo, es que a diferencia del dolor no siempre es una alerta, sino una limitación, para bien o para mal. Porque sí, las limitaciones no siempre son malas.
En mi opinión, los miedos no siempre son afrontables.
Así pues, condicionamos nuestra vida en base a nuestros propios miedos.

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Lenary tenía miedo de perder a Shank. Pero también temía perder a Craig, aunque él fuese un bastardo muchas veces. Temía perder todo lo que tenía, temía demasiadas cosas.
Se había dado cuenta de que su vida solo iba cuesta abajo, que había perdido sus sueños, que cada día se convertía en alguien peor, alguien triste, fatalista. Alguien que quizá podía causar más mal que bien.
Shank le prometió una y otra vez que jamás la engañaría, que jamás le haría daño, que jamás la dejaría, que siempre la amaría... Pero ella, presa de su pasado, no podía creer ni una palabra.
Sabía en lo que se había convertido, sabía que, si se marchaba con Shank, siempre tendría miedo, y que ese miedo jamás dejaría que fuera feliz.
Veía a Shank como alguien que le prometía el paraíso, pero que luego lo rompería en mil pedazos.
Algo demasiado bonito para ser verdad.
Ella no estaba preparada para una fractura más, al menos no una de esa magnitud.
Ella sabía que no podía hacer feliz a Shank, que no le merecía, que tenía que haber alguien ahí fuera mejor para él.
Shank le pareció un ángel, algo hijo de puta a veces, pero un ángel. Aun así, ella era incapaz de creer sus palabras.
Así que echó a Shank, a empujones. Pensó que sería mejor que la odiase por eso a por cualquier otra cosa en el futuro. Pensó que era mejor perderle así, que tras algún tiempo felices. Tras algún tiempo juntos. Tras algún tiempo en el paraíso.
Y aunque en el fondo muera de celos, ella espera que Shank encuentre a alguien. Alguien que sepa amarle como se merece, alguien que le cuide.
Puede que nadie le ame más que ella, pero sí mejor.
Ella jamás será feliz.
Ella no puede desprenderse de su miedo.
Pero espera que él sea feliz, que él sí se desprenda de sus miedos.


miércoles, 30 de enero de 2019

El verdadero Castiel.


La imagen del destino.


Esta imagen no dejó de aparecer desde el mismo momento en que comencé a coleccionar imágenes de anime.
Tenía una carpeta enorme, no sé ni cuantas imágenes podía tener allí...
Pero esta era especial...
Quizá yo recuerde mal, pero creo que incluso la tuve de fondo de pantalla un tiempo.
Obviamente no era exactamente igual que esta, ya que la que aparece aquí la edité. Aún así la base sigue siendo la misma.
Las imágenes pueden interpretarse de muchas formas... Esta en concreto puede tener muchas interpretaciones.
Pero hoy diré lo que yo veo.

Creo que él ha guardado silencio durante demasiado tiempo. Creo que él ha dicho más cosas con esa guitarra que con sus propias palabras. Creo que él está lleno de dolor. Creo que él está lleno de soledad. Creo que él es vulnerable, que él está indefenso. Creo que está demasiado tenso como para mover sus manos o relajarlas. Creo que no se atreve a moverse. Creo que le da miedo dejarse querer. Creo que no la quiere decepcionar.

Creo que ella ha entendido todo lo que ha dicho con esa guitarra. Creo que ha querido abrazarle rápidamente y por ello ha perdido sus zapatos. Creo que le abraza lo más fuerte que puede. Creo que quiere protegerle. Creo que ella está tan rota como él. Creo que quería abrazarle desde hace mucho. Creo que ella siempre lo supo.

Creo que ambos están tristes porque no pueden estar juntos.

Es curioso, como cada vez que perdía esta imagen, o me olvidaba un poco de ella, volvía a aparecer en mi vida sin buscarla.
Supongo que en el fondo, siempre lo supe. Supongo que siempre supe, que no era una imagen normal.
Supongo que siempre sentí que había alguien ahí fuera, alguien que necesitaba ese abrazo.
Y supongo que por eso, esperaba que apareciera.
Supongo que por eso confundí a otros con él.

Él toca la guitarra. Habla más con ella que con sus labios. Su forma de tocar es única. Su forma de agachar la cabeza es similar. Sus brazos son cálidos. Su sonrisa tímida es hermosa. Su personalidad es deslumbrante. Su voz es perfecta. Sus ojos te traspasan el alma. Su cabello es suave. Su espalda y sus hombros son el mejor apoyo.

Él es perfecto, único, excepcional.

Pero yo, no sé quererle. Yo no puedo quererle.

Espero que me olvide. Espero que alguien le ame. Que le amen bien, como se merece.

Espero que sea feliz, sin mi. Aunque me arrepienta toda la vida.

Y caí en tus brazos.