martes, 11 de noviembre de 2014

La gente con la que crecemos

Bueno, a pesar de que llevo mucho tiempo sin escribir nada, y cuando digo nada también incluyo mis libros personales (los cuales borré por un arrebato) he sentido la necesidad de volver a escribir, y mientras estaba curioseando algunas redes sociales y escuchando música, me he dado cuenta de que había entrado en un momento de reflexión, de golpe, como quién no quiere la cosa me he encontrado pensando en la gente que ha pasado por mi vida (que a pesar de ser una chica joven ha sido mucha, y la que me queda todavía.)
Me he dado cuenta de algo, cuando somos pequeños tenemos una protección constante, nuestra familia, esa gente que comienza dándote un hogar, de comer, cambiándote los pañales...
Pero vamos a avanzar un poco en el tiempo, vas a la guardería, al colegio y después viene el instituto, una vez ahí, obviamente vamos a seguir teniendo esa coraza familiar, se supone que ellos siempre van a estar ahí o al menos así es como debería ser, y aunque te quieran mucho y tu les quieras llega el momento de ser algo más independiente, y ahí es cuando tu tienes dos tipos de personas: los amiguitos de toda la vida del colegio, y los nuevos que puedes conocer en el instituto o fuera de él. Esos amigos permanecen mientras que tú estás rodeado de libros, libretas, bolígrafos entre otros materiales escolares y cargando una mochila la cual te da la sensación que pesa el doble que tú. ¿Pero que pasa cuando esa maravillosa época de instituto termina?
Pues bien, aquí nos encontramos con dos posibilidades según el camino que decidas tomar en tu vida, y el resultado de ambas posibilidades varía dependiendo de la forma de ser que puedan tener esos amigos, del camino que tomen ellos y también dependiendo de tu propia forma de ser.
Posibilidad número uno: Si eres una persona que decide ampliar sus horizontes, y has decidido seguir estudiando y da la casualidad que tus amigos van a estudiar en el mismo recinto que tú, muy probablemente sigas manteniendo amistad con esas personas, aunque también podrían conocer a gente nueva y dejarte de lado.
Si tus amistades van a estudiar en lugares diferentes, olvídate, porque si no es amistad de verdad, ha muerto en el segundo exacto en el que cruzas la puerta del instituto, pero esta vez para no volver.
Posibilidad número dos: Si decides no seguir estudiando, o bien no puedes seguir haciendo esta actividad por algún motivo, no lo dudes, porque si no son amistades de verdad, no volverás a verles el pelo.

Pongamos que sigues estudiando con tus amigotes, bien, no te preocupes, porque los ejemplos anteriores se repiten en cuanto acabas de estudiar, y si no, tiempo al tiempo, que algo pasará para que vuestra amistad o ya no la amistad, si no la relación o un simple saludo por la calle sean inexistentes.

La realidad es que crecemos con gente que pensamos que nunca vamos a perder, tenemos fe en ese echo, y fe en esas personas, pero por muy bueno que sea alguien no olvides que puede decepcionarte.
¿Cuantas personas pueden presumir de conservas a sus amigos de instituto o de la infancia? ¿De una amistad de años tal vez?

Seguro que los que tenéis la suerte de tener a gente tan buena a vuestro lado sois pocos.
Puede que escriba esto porque es real, porque es mi forma de verlo o simplemente porque tengo un mal día.

¿Cuantos de vosotros habéis perdido a vuestros amigos y os habéis sentido como una mierda?
Y no tiene que haber sido necesariamente vuestra culpa, puede que hayáis sido ambos o que sean ellos quienes tengan la culpa, posibilidades hay muchas.

Yo solo sé que la amistad de verdad no muere por cambiar de vida, cometer un error o cruzar una puerta.
Somos humanos, cambiamos, evolucionamos, erramos y hacemos el bien algunas veces, todo lo antes mencionado es tan natural, normal y humano como respirar.

No deis pie a que nadie os juzgue si vosotros creéis que habéis hecho bien, que nadie os reproche, que nadie o eche las cosas en cara después de disculparos mil veces, esas personas no os merecen, no son amigos.