miércoles, 27 de febrero de 2019

Miedo.


Es curioso lo que provoca el miedo al dolor. Provoca dolor en si mismo, aunque quizá no tanto como el dolor que tememos.
Todos tenemos miedos, líneas que no queremos cruzar. A veces, con ayuda, algunos pueden superarse, otros, están demasiado anclados a nosotros mismos.
¿Quién no se ha perdido algo por miedo?
¿Quién no se ha salvado de algo por miedo?
El miedo no siempre es malo, a veces nos protege, nos avisa, como el dolor. Como cuando algo quema y apartas la mano mientras piensas: “No vuelvo a tocar eso”.
El problema con el miedo, es que a diferencia del dolor no siempre es una alerta, sino una limitación, para bien o para mal. Porque sí, las limitaciones no siempre son malas.
En mi opinión, los miedos no siempre son afrontables.
Así pues, condicionamos nuestra vida en base a nuestros propios miedos.

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Lenary tenía miedo de perder a Shank. Pero también temía perder a Craig, aunque él fuese un bastardo muchas veces. Temía perder todo lo que tenía, temía demasiadas cosas.
Se había dado cuenta de que su vida solo iba cuesta abajo, que había perdido sus sueños, que cada día se convertía en alguien peor, alguien triste, fatalista. Alguien que quizá podía causar más mal que bien.
Shank le prometió una y otra vez que jamás la engañaría, que jamás le haría daño, que jamás la dejaría, que siempre la amaría... Pero ella, presa de su pasado, no podía creer ni una palabra.
Sabía en lo que se había convertido, sabía que, si se marchaba con Shank, siempre tendría miedo, y que ese miedo jamás dejaría que fuera feliz.
Veía a Shank como alguien que le prometía el paraíso, pero que luego lo rompería en mil pedazos.
Algo demasiado bonito para ser verdad.
Ella no estaba preparada para una fractura más, al menos no una de esa magnitud.
Ella sabía que no podía hacer feliz a Shank, que no le merecía, que tenía que haber alguien ahí fuera mejor para él.
Shank le pareció un ángel, algo hijo de puta a veces, pero un ángel. Aun así, ella era incapaz de creer sus palabras.
Así que echó a Shank, a empujones. Pensó que sería mejor que la odiase por eso a por cualquier otra cosa en el futuro. Pensó que era mejor perderle así, que tras algún tiempo felices. Tras algún tiempo juntos. Tras algún tiempo en el paraíso.
Y aunque en el fondo muera de celos, ella espera que Shank encuentre a alguien. Alguien que sepa amarle como se merece, alguien que le cuide.
Puede que nadie le ame más que ella, pero sí mejor.
Ella jamás será feliz.
Ella no puede desprenderse de su miedo.
Pero espera que él sea feliz, que él sí se desprenda de sus miedos.