sábado, 20 de diciembre de 2014

Cambios inesperados

A veces me entran dudas sobre si las personas tenemos claro lo que somos y lo que queremos, no sería la primera vez que vemos a alguien de nuestro circulo cambiar de forma radical, ya sean cambios ideológicos o físicos nunca son graduales.
Porqué será que un día aspiramos a convertirnos en leyendas en un campo concreto y al siguiente preferimos vivir cómodamente en un trabajo rutinario o cuidando de nuestra vivienda.
Es eso madurez, evolución o tal vez... ¿hemos perdido las ganas de perseguir los sueños?
Es algo que ha pasado siempre, las personas cambian sus metas y su ritmo de vida, pero sin duda está pasando más desde que el país está así.
Pensadlo: Estáis en paro, no estudiáis ya sea por economía o porque donde vivís no podéis estudiar lo que os apetece y no tenéis dinero para el transporte, os da miedo hacer algo nuevo etc...
Lo más probable es que acabéis en casa, frustrados, cansados de no hacer nada y con la vaga esperanza de que algo bueno pase, o llamen para trabajar o monten un centro de estudios nuevo en el que justamente enseñan lo que a ti te interesa.
Si estáis en esa situación, seguramente ya habréis experimentado las diferentes fases en las que haces de todo para no aburrirte, te hinchas a comer o a fumar, un día estás motivadísimo a conseguir tus sueños y al otro crees que todo es imposible, te sientes solo, inferior y un largo etcétera.
No os preocupéis si os estáis identificando, en ese caso yo soy una de vosotros.
Y esto después de darle muchas vueltas, me lleva al principio, ¿esos cambios radicales se deben a la constante necesidad de adaptación? ¿Cambiamos para ser aceptados a pesar de no tener una buena base cultural o una economía estable?
Y si es así, entonces porqué no nos atrevemos a cambiar lo que necesitamos de nosotros mismos para llegar a la cima de lo que nos hemos propuesto hace tantos años.
Yo creo que simplemente somos cobardes sin confianza en nosotros mismos, por algún motivo, nos vemos inferiores e incapaces de cumplir nuestras metas, y al primer intento abandonamos por vergüenza, por miedo al fracaso. Pero ojo, aún así queremos que todo sea perfecto sin atrevernos a mover un dedo, no por pereza, sino por vergüenza y cobardía.
No tengo las claves para dejar de tener esos miedos, pero lo que sí sé es que cada uno a su manera, debe intentar salir de esa espiral de cobardía, porque si no jamás vamos a conseguir nada, y un día vamos a ser ancianos que dirán: ¿Porqué no le eché valor al asunto?

No hay comentarios:

Publicar un comentario